Me encanta ese humor que permite entender y digerir mejor la realidad:
‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)
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Normalidad
Me asomo a la ventana, camino por las calles, leo, escucho, respiro...
Parece como si el aumento constante de la mendicidad, de las calles sucias y de la contaminación del aire fuera normal.
Parece como si el dolor de las familias sin techo, sin comida y sin capacidad para dar cobertura sanitaria a sus enfermas y enfermos fuera normal.
Parece como si la especulación arrolladora de los alimentos, de nuestros sueños, del futuro fuera normal.
Parece como si la reforma de la administración local fuera normal.
Parece como si los centenares de muertos que se descomponen en el Mediterraneo fueran normales.
Parece como si el agotamiento de este planeta y el riesgo evidente de que la vida humana deje de ser viable fueran normales.
Parece como si el nuevo código penal, la criminalización de cualquier forma de protesta y el fascismo que asoma la cabeza fueran normales.
Parece como si la deudocracia y el titubeo estadounidense en este juego fueran normales.
Parece como si la esclavización del trabajo y esa soledad que nos invade fueran normales.
Parece como si considerar la venta de automóviles y obviar la felicidad como indicadores de riqueza fuera normal.
Parece como si seguir la normalidad de nuestras vidas en este momento de la Historia fuera lo normal.
¿Se trata de perplejidad, de miedo, de una forma de resistencia, de amor a la vida vivida, de agotamiento o de simple desidia?
Parece como si el aumento constante de la mendicidad, de las calles sucias y de la contaminación del aire fuera normal.
Parece como si el dolor de las familias sin techo, sin comida y sin capacidad para dar cobertura sanitaria a sus enfermas y enfermos fuera normal.
Parece como si la especulación arrolladora de los alimentos, de nuestros sueños, del futuro fuera normal.
Parece como si la reforma de la administración local fuera normal.
Parece como si los centenares de muertos que se descomponen en el Mediterraneo fueran normales.
Parece como si el agotamiento de este planeta y el riesgo evidente de que la vida humana deje de ser viable fueran normales.
Parece como si el nuevo código penal, la criminalización de cualquier forma de protesta y el fascismo que asoma la cabeza fueran normales.
Parece como si la deudocracia y el titubeo estadounidense en este juego fueran normales.
Parece como si la esclavización del trabajo y esa soledad que nos invade fueran normales.
Parece como si considerar la venta de automóviles y obviar la felicidad como indicadores de riqueza fuera normal.
Parece como si seguir la normalidad de nuestras vidas en este momento de la Historia fuera lo normal.
¿Se trata de perplejidad, de miedo, de una forma de resistencia, de amor a la vida vivida, de agotamiento o de simple desidia?
Osadía, pasión y necesidad
Pensar es una osadía...
Implica mirarse, comprenderse, no engañarse para evitar que el pensamiento se vea achatado, edulcorado o distorsionado por los miedos, prejuicios, acomodamientos, necesidades o angustias.
Implica salirse del parapeto de grupos, corrientes de opinión o lugares de pertenencia para poder abrirse a lo que hay sin cortapisas, darse la libertad para preguntar cualquier cosa, indagar en cada pregunta sin forzar la respuesta.
Implica tener los ojos abiertos ante lo que sucede e intentar desvelar lo que no siempre se ve a simple vista.
Pensar es una pasión...
Implica aventurarse a indagar, mirar, desvelar, iluminar y descubrir aspectos oscuros, confusos y, a menudo, poco transitados de la realidad...
Implica, por tanto, abrirnos, no solo a lo evidente, sino también a lo imprevisto...
Implica acoger cada descubrimiento con un interrogante para que éste no se vuelva rígido y dogmático...
Implica entrar en un contacto más profundo y honesto con la realidad siempre cambiante y compleja que nos toca vivir...
Pensar es una necesidad...
¿Os imagináis un mundo sin pensamiento vivo y honesto?
¿Os asusta como a mí el hecho de que incluso en la escuela se nos invite a dejar de lado el pensar?
¿No os resulte extraño, ante tanta sequía de pensamiento, escuchar en lugares muy diversos que pensamos demasiado?
Sobre esto y mucho más hablamos en el taller La Osadía de Pensar que impartí en el mes de septiembre.
Fue un reto, un gusto y una mecha para seguir osando, seguir pensando..
Implica mirarse, comprenderse, no engañarse para evitar que el pensamiento se vea achatado, edulcorado o distorsionado por los miedos, prejuicios, acomodamientos, necesidades o angustias.
Implica salirse del parapeto de grupos, corrientes de opinión o lugares de pertenencia para poder abrirse a lo que hay sin cortapisas, darse la libertad para preguntar cualquier cosa, indagar en cada pregunta sin forzar la respuesta.
Implica tener los ojos abiertos ante lo que sucede e intentar desvelar lo que no siempre se ve a simple vista.
Pensar es una pasión...
Implica aventurarse a indagar, mirar, desvelar, iluminar y descubrir aspectos oscuros, confusos y, a menudo, poco transitados de la realidad...
Implica, por tanto, abrirnos, no solo a lo evidente, sino también a lo imprevisto...
Implica acoger cada descubrimiento con un interrogante para que éste no se vuelva rígido y dogmático...
Implica entrar en un contacto más profundo y honesto con la realidad siempre cambiante y compleja que nos toca vivir...
Pensar es una necesidad...
¿Os imagináis un mundo sin pensamiento vivo y honesto?
¿Os asusta como a mí el hecho de que incluso en la escuela se nos invite a dejar de lado el pensar?
¿No os resulte extraño, ante tanta sequía de pensamiento, escuchar en lugares muy diversos que pensamos demasiado?
Sobre esto y mucho más hablamos en el taller La Osadía de Pensar que impartí en el mes de septiembre.
Fue un reto, un gusto y una mecha para seguir osando, seguir pensando..
La escuela está viva, ¡viva la escuela!
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Paul Klee en 1939. Fotografía: Walter Henggeler/Keystone/Corbis
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Se aprende a (…) evitar asumir lo ya listo y terminado. Se aprende un modo especial de avanzar en la dirección de una indagación crítica (…).
Habría que dar clase en días festivos, fuera del edificio escolar. Fuera, bajo los árboles, entre animales, junto a los ríos. O en lo alto de montañas en el mar.
Habría que plantear tareas como, por ejemplo, la construcción lógica del misterio (…).
La escuela está viva, ¡viva la escuela!”
Paul Klee, Experimentos exactos en el ámbito del arte, 1928.
Cita seleccionada como cierre de la exposición Paul Klee: Maestro de la Bauhaus de la Fundación Juan March.
La banalidad del mal
Hace unos días, me he vuelto a deleitar con la mirada de Margarethe von Trotta.
Esta vez con su película Hannah Arendt, donde nos cuenta una parte muy significativa de la vida de esta gran pensadora.
Como ya sabéis, Hannah Arendt, en su libro 'Eichmann en Jerusalén', hace una disertación fina de la banalidad que existe, o puede existir, en la ejecución del mal.
Nos habla, entre otras cosas, de quienes, aferrándose a la ley, a las funciones de su cargo, a los protocolos o simplemente a la inercia, dejan de hacerse responsables de sus actos y sus consecuencias.
¡Ay! Miro y lo que veo me lleva a pensar que esta reflexión sigue interpelando a mucho de lo que ocurre en nuestro presente.
Interpela a quienes, en nombre del protocolo, han dejado a una niña de ni siquiera dos años una noche entera en la UCI de un hospital sin la compañía de su madre, su padre o alguien de su confianza.
Interpeló a esa psicóloga que le dijo a una amiga mía que se está dando cuenta que, una parte significativa de la enfermedad mental de nuestro tiempo, tiene que ver una tendencia cada vez más arraigada de vivirse solo como una víctima del contexto o de las relaciones, en un ejercicio de echar balones fuera que conlleva la desresponsabilización de las riendas de la propia vida.
Interpela a esos bancarios que vendieron sus productos a quienes no entendian qué compraban por fidelidad a la política del Banco, o peor aún, que ni siquieran sabían qué vendían.
Nos interpela cuando caemos en la tentación de mirar hacia otro lado cuando olemos de cerca como el capital sigue haciendo de las suyas.
Interpeló en su día a Edward Showden que, actuando desde los dictados de su consciencia, hoy es tratado como heroe o villano, y no simplemente como un ser humano que no quiere seguir banalizando el mal.
Esta vez con su película Hannah Arendt, donde nos cuenta una parte muy significativa de la vida de esta gran pensadora.
Como ya sabéis, Hannah Arendt, en su libro 'Eichmann en Jerusalén', hace una disertación fina de la banalidad que existe, o puede existir, en la ejecución del mal.
Nos habla, entre otras cosas, de quienes, aferrándose a la ley, a las funciones de su cargo, a los protocolos o simplemente a la inercia, dejan de hacerse responsables de sus actos y sus consecuencias.
¡Ay! Miro y lo que veo me lleva a pensar que esta reflexión sigue interpelando a mucho de lo que ocurre en nuestro presente.
Interpela a quienes, en nombre del protocolo, han dejado a una niña de ni siquiera dos años una noche entera en la UCI de un hospital sin la compañía de su madre, su padre o alguien de su confianza.
Interpeló a esa psicóloga que le dijo a una amiga mía que se está dando cuenta que, una parte significativa de la enfermedad mental de nuestro tiempo, tiene que ver una tendencia cada vez más arraigada de vivirse solo como una víctima del contexto o de las relaciones, en un ejercicio de echar balones fuera que conlleva la desresponsabilización de las riendas de la propia vida.
Interpela a esos bancarios que vendieron sus productos a quienes no entendian qué compraban por fidelidad a la política del Banco, o peor aún, que ni siquieran sabían qué vendían.
Nos interpela cuando caemos en la tentación de mirar hacia otro lado cuando olemos de cerca como el capital sigue haciendo de las suyas.
Interpeló en su día a Edward Showden que, actuando desde los dictados de su consciencia, hoy es tratado como heroe o villano, y no simplemente como un ser humano que no quiere seguir banalizando el mal.
'Hacerse cargo uno mismo de responder ante la Humanidad de cada pensamiento significa vivir en esa luminosidad en que uno mismo y todos los pensamientos de uno son puestos a prueba'
- Hannah Arendt -
Taller La Osadía de Pensar
En septiembre llevaré este taller que tal vez te interese o conozcas a alguien a quien le pueda interesar...
Taller:
LA OSADÍA DE PENSAR
// Un espacio para avivar y enriquecer nuestra
capacidad de pensar //
‘Preguntar es poner en tela de juicio todo lo que se
sabe’.
- María
Zambrano –
Este es un espacio para indagar en nuestra capacidad
para pensar, hablar sobre nuestros
miedos y dificultades a la hora de poner en juego nuestras preguntas o
planteamientos, compartir estrategias y
prácticas que nos permiten dar lucidez y rigor a nuestra forma de mirar e interpretar lo que
nos rodea, entrar en contacto con la libertad, el placer y la risa que se abre
cuando nos atrevemos a pensar.
LOS MIÉRCOLES 11, 18 Y 25 DE SEPTIEMBRE
18’30 – 21 horas
Precio: 45 euros.
LUGAR:
Paseo de los
Pontones, 7, bajo interior, portal 4. Metro Puerta de Toledo.
Reservas: grahermor@gmail.com
Voces
Aquí os traigo distintas voces.
Voces que conozco gracias a otras voces, a relaciones, a afectos y amores.
Faltan muchas, muchas otras.
Unas, junto a las otras, van conformando un entramado de palabras, perspectivas, miradas, conversaciones, luces, simbólico, verdad, conflictos fértiles, interrogantes, dudas, inicio de nuevas voces.
Lo que quiero decir es que en este entramado de voces vivas y, a veces, conflictivas (me) surge la posibilidad de entender, de vivir con más consciencia y presencia, de no desfallecer.
Espero que os apetezca dar continuidad a esta entramado que, mientras esté vivo, es infinito.
Voz de Bibiana Medialdea: Una incursión a la deuda como una bola de nieve
La voz de Teresa Forcades: Una incursión a los estragos del capitalismo
¿Qué voces añadirías a este entramado?
Voces que conozco gracias a otras voces, a relaciones, a afectos y amores.
Faltan muchas, muchas otras.
Unas, junto a las otras, van conformando un entramado de palabras, perspectivas, miradas, conversaciones, luces, simbólico, verdad, conflictos fértiles, interrogantes, dudas, inicio de nuevas voces.
Lo que quiero decir es que en este entramado de voces vivas y, a veces, conflictivas (me) surge la posibilidad de entender, de vivir con más consciencia y presencia, de no desfallecer.
Espero que os apetezca dar continuidad a esta entramado que, mientras esté vivo, es infinito.
Voz de Bibiana Medialdea: Una incursión a la deuda como una bola de nieve
La voz de Teresa Forcades: Una incursión a los estragos del capitalismo
¿Qué voces añadirías a este entramado?
Consistencias
Lenteja me pregunta dónde encuentro 'la consistencia'...
Su interrogante me llevó a pararme a pensar sobre lo visto y vivido ayer. Y, sin darle muchas vueltas, recordé cuatro perlas:.
El encuentro con un grupo de matronas, enfermeras y auxiliares de enfermería que, dentro de un hospital público, se muestran ávidas por mejorar su relación, cuidado y atención a las mujeres y hombres que acuden a sus consultas. Defienden la sanidad pública sin perder el hilo que da sentido y consistencia a su trabajo.
...
Su interrogante me llevó a pararme a pensar sobre lo visto y vivido ayer. Y, sin darle muchas vueltas, recordé cuatro perlas:.
El encuentro con un grupo de matronas, enfermeras y auxiliares de enfermería que, dentro de un hospital público, se muestran ávidas por mejorar su relación, cuidado y atención a las mujeres y hombres que acuden a sus consultas. Defienden la sanidad pública sin perder el hilo que da sentido y consistencia a su trabajo.
Pepe me acogió, cuando volví a casa, con la mesa puesta y una buena conversación.
Más tarde, escuché la capacidad de Toni Martínez, en el programa La Ventana de la Ser, de usar el humor como un medio para hacer más digerible y diáfana la situación socioeconómica de nuestro país.
Finalmente, leí en este blog el deseo de Lenteja de encontrarse con más consistencia, lo que abre el camino para poder verla y reconocerla.
...
Hoy, en mi bandeja de correo, me encuentré con este video que me mandó Elena.
Necesito recordar, cada cierto tiempo, esta verdad que, a la mínima que me despisto, se me escapa de las manos:
...
Este sábado, día 1 de junio, espero encontrarme con más consistencias que me permitan seguir disfrutando de la vida sin perder sensibibilidad y capacidad de acción ante la crudeza.
Si tú también quieres ir y no sabes el recorrido o el horario de dicha convocatoria en tu ciudad, pincha aquí.
...
¡Y sigo buscando, encontrando!
Cuestión de cuerpo...
![]() | |
| Fotografía de Aida Pascual |
Fui débil, cansada y ocurrió algo imprevisto que, en realidad, ya me había pasado otras veces.
Mi cabeza dejó de controlar, de intentar hacerlo bien y simplemente se dejó llevar por lo que allí ocurría. Así, como si entendiera por fin que ella también es cuerpo, puso la energía justa, ni una pizca más de la necesaria. Y, en contra de la lógica, la lucidez se apoderó de mí, sentí la claridad en cada una de mis palabras y mi cuerpo se volvió presencia pura.
Fue como si el cuerpo me enseñara el camino para pensar con sentido y de qué está hecho el cansancio.
Desde la dolencia me trajo la posibilidad de entender profundamente qué significa unificarse, qué significa vivir cuando el cuerpo y la mente se dan la mano y dejan de luchar.
¡Ay! Ojalá supiera vivir siempre unificada...
Juego
'El que los jóvenes jueguen ha sido... la esencia de la juventud. (...) La forma de todo humano hacer es la del juego. Desde los negocios de la política hasta el arte y el ejercicio del pensamiento. Y más resplandecientemente en la educación y en el estudio. Pues como es sabido y no recordado, escuela viene de ocio, y aula significa un lugar vacío - como la flauta'
- María Zambrano-
Locura
Hasta hace bien poco, no había pensado seriamente en el significado de la palabra locura ni de lo que ésta supone para quien la sufre.
Desde una visión romanticista de la enfermedad mental, no terminaba de entender el significado profundo de esa desconexión total y absoluta de la realidad que sucede sin que medie la consciencia ni la elección.
Por no hablar de la desorientación, el miedo o el dolor que conlleva este conjunto de enfermedades que, unido a la invisibilidad, discriminación y violencia que son objeto en nuestra sociedad, da lugar a un cóctel muy difícil de sostener.
Pero, en realidad, no es de la locura de lo que quiero hablar.
Lo que en realidad me tiene asombrada es la ligereza y frecuencia con la que he usado la palabra locura para referirme a distintas situaciones que no entiendo, no comparto o me dan miedo.
He usado la palabra locura para hablar de esa política económica que nos asfixia o de la pasividad ante el deterioro de nuestro planeta.
Pero ahora, cuando me he acercado más a la experiencia de la locura, ya no quiero usar dicha palabra para hablar de este tipo de prácticas y situaciones.
No querer ver no es lo mismo que no poder hacerlo, la falta absoluta de empatía no es lo mismo que la incapacidad para entrar en contacto con lo que nos rodea, la maldad no es lo mismo que verse invadido o invadida por alucinaciones.
No, no quiero usar esta palabra para hablar de lo que no es locura porque no quiero quitar ni una pizca de responsabilidad a quien elige no ver, no pensar, desligarse de su entorno, beneficiarse a costa de la vida de las y los demás, etc.
Tampoco quiero llamarme loca porque no quiero desresponsabilizarme de mi propia vida.
Soy consciente de que no he hablado de la etiqueta 'locura' como arma de poder...
Quizás otro día...
Desde una visión romanticista de la enfermedad mental, no terminaba de entender el significado profundo de esa desconexión total y absoluta de la realidad que sucede sin que medie la consciencia ni la elección.
Por no hablar de la desorientación, el miedo o el dolor que conlleva este conjunto de enfermedades que, unido a la invisibilidad, discriminación y violencia que son objeto en nuestra sociedad, da lugar a un cóctel muy difícil de sostener.
Pero, en realidad, no es de la locura de lo que quiero hablar.
Lo que en realidad me tiene asombrada es la ligereza y frecuencia con la que he usado la palabra locura para referirme a distintas situaciones que no entiendo, no comparto o me dan miedo.
He usado la palabra locura para hablar de esa política económica que nos asfixia o de la pasividad ante el deterioro de nuestro planeta.
Pero ahora, cuando me he acercado más a la experiencia de la locura, ya no quiero usar dicha palabra para hablar de este tipo de prácticas y situaciones.
No querer ver no es lo mismo que no poder hacerlo, la falta absoluta de empatía no es lo mismo que la incapacidad para entrar en contacto con lo que nos rodea, la maldad no es lo mismo que verse invadido o invadida por alucinaciones.
No, no quiero usar esta palabra para hablar de lo que no es locura porque no quiero quitar ni una pizca de responsabilidad a quien elige no ver, no pensar, desligarse de su entorno, beneficiarse a costa de la vida de las y los demás, etc.
Tampoco quiero llamarme loca porque no quiero desresponsabilizarme de mi propia vida.
Soy consciente de que no he hablado de la etiqueta 'locura' como arma de poder...
Quizás otro día...
Necesidades básicas
Crispación
Hay momentos en los que la falta de concordancia entre las palabras y las cosas es tan grotesca que despierta la extrañeza y también la risa.
Eso fue lo que me pasó ayer cuando iba en el autobús...
Un señor, muy indignado, empezó a gritar contra 'Rajoy y esa panda de ladrones'.
Una mujer le dijo que no entendía porqué se ponía así si, en el fondo, son todos iguales.
Eso fue lo que me pasó ayer cuando iba en el autobús...
Un señor, muy indignado, empezó a gritar contra 'Rajoy y esa panda de ladrones'.
Una mujer le dijo que no entendía porqué se ponía así si, en el fondo, son todos iguales.
(Y yo para mis adentros: ¿Iguales en qué?,
¿Habrá algunos más iguales que otros?, ¿Quiénes son Todos?)
¿Habrá algunos más iguales que otros?, ¿Quiénes son Todos?)
La cosa se fue calentando y cada vez había más personas participando en esta disputa. Parecía una escena de Aquí no hay quien viva.
De pronto, escuché a este señor dirigirse a todo el autobús: 'seguro que si fuera Zapatero el que estuviera embarrado en la mierda de la corrupción no seriais tan condescendientes'...
(Yo y dos señoras que estaban delante de mí nos reímos porque nos parecía absurdo que nos hablara en estos términos sin saber quiénes somos ni qué sentimos.
Me mantuve callada y pensé: ¿Condescendientes en qué?, ¿En este autobús habrá personas más condescendientes que otras?, ¿Somos una masa sin cortes ni complejidad?)
Pero la cosa siguió. Una señora muy alterada le dijo: ¡Usted es un comunista y un anarquista! Nos queréis quitar el Valle de los Caídos.
(Mi vocecita interna me dijo con sorna: parece que esta señora hizo un tótum revolutum al identificar comunismo con anarquismo y ambos términos con indignación ante la corrupción del gobierno y todo ello con la pretensión de eliminar los símbolos franquistas de este país... ¡Uff, qué lío!)
A estas alturas, yo ya no sabía si reír, si mirar para otro lado o coger mi libro y embarcarme en él. Pero no pude evitar escuchar a una de las mujeres que estaban delante de mí decir: ¡Mira que fascista es esta señora que, ante la opinión de este hombre, no se le ocurre otra cosa que insultarle!
(No pude evitar seguir pensando en lo que sucedía: para esta mujer fascismo es sinónimo de insultar a quien opina de forma diferente y comunismo o anarquismo son simplemente insultos... ¡Vaya tela!)
El señor contestó a la señora que le había increpado: ¡lo que os jode es que media España esté en la calle manifestándose contra este gobierno!
(¿Qué significa España para este señor?, ¿Cuántas personas componen la mitad de España?,
¿Es lo mismo mitad que media?)
¿Es a esta falta de rigor a lo que llaman crispación?
Menos mal que cerca de mí había un hombre muerto de risa ante este espectáculo.
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