‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)
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Una canción

Un día, sin haber cumplido aún los dieciseis, logré entrar en una discoteca.
Me llevé una decepción por la oscuridad y decadencia de aquel lugar.
Tenía ganas de irme.
En realidad, las discotecas son un tipo de lugar en el que pocas veces me he sentido bien.

De pronto, pusieron esta canción:


Me olvidé del ambiente, de mis ganas de irme a casa y me metí de lleno en su ritmo.
Fascinada, logré que la volvieran a pinchar una y otra vez y me llevé el 'tuturuturuturu...' conmigo durante muchos días.
Luego, supe que quien la cantaba era Lou Reed.
Y, cuando supe de su muerte, recordé este momento.

Recuerdo también que, cuando pude entender su letra, sentí un fuerte conflicto interior porque esa música que me fascina cuenta una historia que me remueve y me duele.
A pesar de ese conflicto y ese dolor, la magia de esa entrega absoluta a la música que sentí ese verano del 79 permanece en mis visceras.

Un reto

Ella cogió aire y le dijo que quería que la libertad fuera el motor de su relación. Le dijo también que se había propuesto estar muy atenta para no dejarse llevar por miedos o mandatos que en ocasiones la llevan a relacionarse con él de un modo impostado o automático. Y, finalmente, le habló de su deseo de que él se subiera al carro de este reto.
Él se excitó de emoción al escucharla, sus poros se abrieron, su sonrisa y sus ojos brillaron como pocas veces ella lo había visto.
Al verlo así, ella entendió que no se había equivocado, que este era el camino.
Él, como ya os lo podéis imaginar, le dijo que aceptaba el reto de escuchar atentamente su libertad y tomar la fuerza que ésta le da como una fuente fundamental para crear y recrear su relación.
Ella se emocionó al escucharle. Ella sintió miedo al escucharle. Él también sintió miedo.
¡Ay! Es que la libertad tiene el don de llevar la vida y las relaciones por vericuetos más profundos, imprevistos e insospechados, y asumirlo no resulta fácil.
Conscientes de ellos, se rieron del miedo y se dieron cuenta que el camino que querían tomar había empezado ya porque la única manera de ser libre, de ser humanamente libre, es reconocer los miedos, hablar de ellos, afrontarlos y, desde ahí, desde dónde se está, elegir en cada instante que paso tomar.
Y, con ese brillo en los ojos y esa emoción que aligera el cuerpo, siguen caminando, probando, hablando, deseando.

(Basada en una situación muy real)

Nuevo




Es la tercera vez que he estado en Menorca.
En esta ocasión no me sale decir que he repetido destino.
Estar en un territorio familiar me ha quitado la presión por ver más y, quizás por eso, me ha permitido ahondar, como pocas veces, la mirada.
Sin casi proponérmelo, he descubierto rincones, matices y recovecos que me han permitido reconocer con más detalle y profundidad esta preciosa isla.
Una vez más, me he dado cuenta que no terminamos nunca de conocer los lugares porque éstos, además de estar en continua tranformación, contienen infinidad de misterios.


¡Es una pena que, en ocasiones, la rigidez mental y la avidez acumulativa, nos lleven a relacionarnos con los lugares, las personas o la propia vida despojándoles de misterio, dándoles por conocidos!

Sol

Al bajar la cuesta, de vuelta a casa, de vuelta al invierno.
Las nubes y el aire helaron mi cuerpo.
De pronto, salió un rayo de sol, un rayo tenue que dio calor a mi rostro.
Y, cuando las nubes volvieron a imponerse, seguí sonriendo.

Burbujas

Ahora que ya sabemos bien qué es una burbuja...

Se está inflando, de un modo disparatado, la burbuja del poder, de más poder, de poder a costa de lo que sea y de quien sea.
Se está inflando también la burbuja de la tolerancia al dolor, de la resignación ante unas perspectivas sombrías, del aguante ante tanta indecencia.

Me cuesta leer la realidad cuando veo a estas dos burbujas que, alimentándose entre sí, de cuando en cuando dan visos de estallar.
Inquieta saber que estos estallidos pueden dar lugar a grandes conquistas, a una devastadora explosión o a un simple lavado de cara.
Inquieta saber que en ello se juegan nuestras vidas.

Pulso

Parece que la mano de hierro que caracterizaba a Margaret Thatcher sigue arrasando.
Es tanta su fuerza que ya no tiene reparos en pisotear cualquier ley, aunque ésta sea el fundamento de un Estado.
El pulso al Tribunal Constitucional de Portugal me ha hecho saber que esta guerra es muy, muy, muy ardua.
Desde esa consciencia, me vuelvo a emocionar con esta canción...



...



Como dijo Jose Luis Sampedro, el tiempo no es oro, el tiempo es vida.
Esa mirada que, a pesar del tiempo vivido, seguía con mucha chispa.
En el día de hoy, esa mirada y esa sonrisa me dan fuerzas y ganas de vivir.

Estadística

Ella tiene 77 años y cobra la pensión mínima.
Por una noción estadística de lo que es la vida, a las de 77 no se les hace mamografías en la seguridad social.
Tras cuatro años sin hacerse esta prueba, se preocupó porque notó un bulto en el pecho.
Decidió pagar 80 euros y salir de dudas.
Hoy le han dicho que tiene cáncer.
Ella es mi madre.

AMOR

La película AMOR, de Haneke, muestra los gestos del amor en un contexto muy concreto, no solo vital, sino también social.
Me emocionó ver, en esta historia, cómo el amor sitúa las cosas en su sitio, a pesar de la soledad y la incomprensión de quien ama.
A la vez, me hizo pensar sobre qué nos puede ocurrir, en un contexto que no termina de entender en toda su dimensión qué significa la enfermedad terminal, si nos falta alguien que nos ame profundamente.
Ojalá que ese tipo de amor sepa cruzar las paredes de cada hogar para situarse también en el centro de la gestión pública.

Espejos

La infancia, mi hermana y yo, el patio, jugamos y jugamos y jugamos...
¡Qué lejos queda!

La seriedad que requiere todo juego nos trajo un torbellino de emociones.
Ensayamos la vida, lo real, nuestros sueños.
En los encuentros y desencuentros descubrimos ese arte tan difícil y necesario que es la relación.
Tuvimos un lenguaje cómplice y una raíz común.

Hoy, cuando la veo, veo la huella de esa raíz, veo su forma singular de alimentarla, recrearla y transfor- marla.
Veo también una especie de espejo que refleja lo que yo he hecho con esa raíz, con esa huella que, sin ninguna duda, ahí sigue en mí.

Lo que quiero decir es que esta relación, por el solo hecho de existir, me da la oportunidad de poner consciencia a la hora de actualizar, de darle presencia y presente, a mi propia historia.

Algo parecido sucede, aunque con una dimensión muy distinta, cuando revisito paisajes, cuyos olores y colores han impregnado momentos cruciales de mi vida:

 
Y, como no, cuando revisito a esas amigas que, por todo lo vivido y compartido, son casi como hermanas.

Es que, al fin y al cabo, nuestro presente es lo que es gracias a lo que hemos sido capaces de crear con las huellas dejadas por la historia, nuestra historia.

Instantes

Hay momentos en los que siento algo rotundo en el cuerpo.
Son instantes en los que vivo la profundidad de lo sutil, de lo efímero.
Son segundos cargados de una sabiduria ligera, que fluye.

Saberme finita y naciente. Saber que, en cada instante, nazco y muero. Saber que puedo morir en vida y que, aunque la muerte esté muy cerca, la vida está ahí para que le dé sentido. Saber que todo lo que tengo está aquí, ahora, en este presente.  Saber que soy una ‘pulguita’ en un mundo inmenso, con capacidad de trascender, de ir siempre más allá. Saberme depositaria de las huellas dejadas por otras y otros, con capacidad de crear huellas nuevas. Saber que me ilumino cuando acepto profundamente lo que hay y lo vivo intensamente, sin más. Saber, por tanto, que no existe futuro ni pasado y que cada edad es solo la edad del presente. Saber que, cuando soy capaz de aceptar la muerte, encuentro lo infinito en cada instante. Saber que encontrar da más viveza que memorizar. Saber que lo espiritual está hecho de carne viva.  Saber que la vida es imprevisible, juguetona, abierta.

Abrirme al amor, a lo otro distinto a mí. Descubrir que, en lo más profundo, estamos hechas y hechos de la misma pasta. Descubrir que lo otro está también en mí.
Abrirme al erotismo, a la comunión, al arte, a la trascendencia.
Recuperar el sentido original de las palabras tergiversadas por el control religioso.
El tiempo no es nada, el tiempo lo es todo. Puro presente, infinito.

¿Sabéis de lo que estoy hablando, verdad?

Entender

Este documental me ha llegado por diferentes vías en este último año. Sin embargo, hasta esta mañana no lo había visto entero, con la atención que se merece.
Estoy emocionada. Una vez más, he visto la potencia del entender, entenderse, darse a entender. También he visto como la frontera entre el entender, el amor y la libertad es muy difusa.
Asimismo, he vuelto a darme cuenta que, aunque vivamos en culturas distintas o tengamos historias muy diversas, en lo más profundo estamos hechos y hechas de la misma pasta.
Por todo esto, os animo a verlo, fundamentalmente si te dedicas, de un modo u otro, a la educación...


Aniversario

El 7 de septiembre del año pasado, me dieron las llaves de Singulares,
Ha sido un año en el que he sentido la ilusión y el vacío ante un lugar por construir, he conocido el miedo ante la incerti- dumbre en un contexto maltrecho en lo económico, he puesto mucho trabajo a la hora de crear cada taller o seminario, he visto circular mucho amor, me ha sorprendido la creatividad que surge cuando escucho al deseo y sigo maravillada por todo lo que mueve la libertad cuando logra tomar protagonismo.
En este espacio, han estado muy presente la risa, la compañía, la taza de te y la palabra.
Ha sido emocionante ver a mujeres gestando a sus criaturas y tener la compañía de Lola y Bèla.
Y, en más de una ocasión, he sentido ese chute de energía que se expande cuando logramos sentir, pensar y actuar fuera de la lógica patriarcal y capitalista.
Y aquí sigo, atenta a ese hilo que me permite seguir creando y sosteniendo Singulares.
¡Ojalá cumpla muchos más!

Punto de no retorno

Groelandia se derrite, un dato más que indica que el cambio climático se acelera.
Parece que ya hemos entrado en un punto de no retorno.
¿Esta no debería ser la noticia central de todos los noticieros del mundo?

Pero no, la gran mayoría de los gobiernos, como si su capacidad de ver lo que está pasando se hubiera congelado, hablan de volver a la 'senda del crecimiento', o sea, hablan de seguir con más de lo mismo.
Lo hacen, haciendo un alarde de irrealidad desmedida, tiñendo su discurso de verde, como si fuera posible conciliar sobreexplotación con sostenibilidad.

Para más inri, pretenden volver a esa senda sobreexplotando a un número cada vez mayor de seres humanos, como si la insostenibilidad de la vida de millones de mujeres y hombres fuera un mal menor. .
Y, además, como si nuestra capacidad de digerir tremendo absurdo fuera ilimitada, nos hablan de proteger la vida de los no nacidos con deformaciones.

Con todo, la vida sigue...
Y esta tarde me voy a Lanzarote de vacaciones para seguir disfrutando de su sabor.

Punto de anclaje

Aún con la emoción en el cuerpo por la manifestación de ayer, conecto con mi dificultad para confiar en la potencia de esa fuerza que nace de un 99% fragmentado por historias de vinculación con lo común muy heterogeneas e incluso contradictorias.

Con todo, empecé a pensar que tal vez, esta energía nacida del cabreo pueda ser un punto de anclaje para que todas y todos nos interesemos por descifrar lo más básico:


Y, puesta a soñar, he pensado que tal vez este sea un momento propicio para que se escuche con más atención a quienes realmente nos pueden traer un nuevo orden más viable y humano:

Cicatrices

Tengo una gran cicatriz en la tripa con forma de L.
La miro y me emociono. Me recuerda que sigo viva gracias a esa herida.
Durante el invierno permanece resguardada bajo mi ropa.
Pero empieza el verano y el bikini.

Tengo celulitis en mis muslos.
Empiezo a tener celulitis en el resto de mis piernas.
No me gusta su dibujo.
Y, a la vez, me recuerda que soy mujer. O mejor, mujer madura, con historia.
Pero empieza el verano y el bikini.

No me es fácil 'lucir mis secretos'.

Una ginecóloga me preguntó un día por qué no me quitaba la cicatriz con láser. Me habló de una operación sencilla, con poco coste.
Basta dar una vuelta por la ciudad para ver diversos anuncios animándome a liposuccionar la grasa de mi celulitis.
Y me resisto.

Empieza el verano y el bikini.
Y miro. Y me miro.
Temo a algunas miradas.

Y descubro que me gustan los cuerpos expresivos, con historia.

De pronto, encuentro belleza en las cicatrices, incluso en las celulitis.
Disfruto con las pieles ajadas, vividas.
Disfruto con las sonrisas llenas de arrugas.
Disfruto también con la tersura de las más jóvenes.

Sí, mi resistencia tiene que ver con todo esto.
Son las ganas de preservar en el mundo la belleza de lo vivido.
Y me duele saber que, en los tiempos que corren, este es un deseo subversivo.

Medida

El lunes estuve con una señora que reflejada un dolor profundo en su rostro, su marido se había muerto unas horas antes.
Tenerla cerca, me hizo recordar algo tan obvio y, a la vez, tan escurridizo: somos seres mortales.
Recordarlo, una y otra vez, me permite poner una medida a mi vida y a mis relaciones.
Es como si me dijera: ¿merece la pena enfadarme ahora, si estamos aquí de paso? ¿merece la pena forzar las cosas, si estamos aquí de paso? ¿merece la pena posponer las cosas, si estamos aquí de paso? ¿merece la pena cultivar relaciones estériles, si estamos aquí de paso? ¿merece la pena...?
Y así, cuando logro mantenerme en esta pregunta, me veo sacando la chicha a cada hora y a cada encuentro, asombrándome ante lo que tengo, despejando el horizonte de escombros... y caminando.
Cuando logro mantenerme en esta pregunta, encuentro la medida desde la que agarrar la vida.
...
Ayer por la mañana, cuando me fui a dar un paseo por el río, dos chicos caminaban con las manos cogidas, uno llevaba puesta la camiseta del Barça y el otro la camiseta del Athletic de Bilbao.
La gente se paraba ante ellos y se reían ante sus comentarios.
Ese gesto tan simple trajo una medida más humana y divertida al final de esa copa que había llenado mi barrio de un fuerte despliegue policial.
...
Más tarde, leí esta noticia donde vi este vídeo, en el que encontré una medida importante para generar una política con sentido: la hierbabuena.

15M12M

¿Hace solo un año que inició el 15M?
¡Me parece increíble!
¡Han pasado tantísimas cosas!
Después de todo lo ocurrido, hay muchas razones para volver a vernos las caras el 12M.

Por un futuro feliz...

En esta marea humana...
Alvaro Barrientos / AP Photo (en periodismohumano.com)

Lola nos acompañó con una pancarta en la que decía
'Yo soy el futuro'. 
Ella, en todo el recorrido, mantuvo la curiosidad y la alegría.

A nuestro lado, un grupo de niñas y niños gritaron:
'¿Es mucho pedir un futuro feliz?'
Son niñas y niños que saben que el futuro empieza hoy...
Un futuro hecho con las semillas que seamos capaces de sembrar en cada paso de nuestro presente.