Vienes de ese lugar donde se huele el dolor de la sangre, se convive con el vientre helado y la resistencia, a lo
largo de los siglos, se ha incrustado en piel negra.
Un instante antes de saltar la valla, tu corazón golpea con tal fuerza que la sangre, más que fluir, estalla.
¡Saltas! Una punzada desgarra tu piel, la sangre brota de tal modo que la frontera entre la muerte y la esperanza se te presenta en forma de bruma.
Vida golpeada por ese norte que, a base de cuchillas, expolia tu horizonte por un afán insaciable de ganancias.
Hoy, en este norte desnortado, hay quienes obvian vuestra sangre al justificar las concertinas y minimizan el frío y el hambre que se vive a este lado de la frontera.
Son quienes, con el mazazo del miedo en forma de ley, pretenden dejar sin fuerza a nuestra hospitalidad y sin luz a nuestra rabia.
Pensando en ti, me doy cuenta que, en nuestra capacidad de acogida y de relación, se encuentra una hermosa forma de desobediencia.
‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)
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Amor
Ayer, mientras escuché esta entrevista de Gonzo a Carmen Hernández me emocioné.
En las palabras de Carmen Hernández pude sentir ese calor que facilita la convivencia sin necesidad de puentear o menospreciar el propio dolor ni el de las y los demás.
Es un ejemplo más de lo que da de sí la política cuando nos abrimos al amor, ese amor que permite ver lo que acontece y quienes somos con profundidad y humanidad, apostar por la convivencia y la relación sin caer en un buenismo estéril, presentarse en la palestra de lo común con entereza y apertura.
Un amor que implica, no solo amar, sino también amarse.
En las palabras de Carmen Hernández pude sentir ese calor que facilita la convivencia sin necesidad de puentear o menospreciar el propio dolor ni el de las y los demás.
Es un ejemplo más de lo que da de sí la política cuando nos abrimos al amor, ese amor que permite ver lo que acontece y quienes somos con profundidad y humanidad, apostar por la convivencia y la relación sin caer en un buenismo estéril, presentarse en la palestra de lo común con entereza y apertura.
Un amor que implica, no solo amar, sino también amarse.
Verde en Madrid
Hoy, mientras caminaba por el centro de Madrid, pude disfrutar del color verde.
El verde se impuso sobre el asfalto en forma de camisetas, pegatinas, pancartas, sudaderas, chapitas, paraguas...
Me sentí cómplice con el paisaje, empecé a respirar mejor.
Y esta tarde más...
Vinicius de Moraes
Ayer, 19 de octubre, fue el centenario del nacimiento de Vinicius de Morais.
Su música ha estado muy presente en mi vida y, por ello, sentí ganas de traer aquí algunas de sus canciones.
Aquí va mi homenaje, espero que lo disfruteis:
Seguiría y seguiría...
Su música ha estado muy presente en mi vida y, por ello, sentí ganas de traer aquí algunas de sus canciones.
Aquí va mi homenaje, espero que lo disfruteis:
Seguiría y seguiría...
¿Es posible amar y ser libre a la vez?
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| Kati Horna |
El próximo 14 de octubre empieza el taller '¿Es posible amar y ser libre a la vez?' que impartiré en el Entredós.
Si te interesa o conoces a alguien a quien le pueda interesar, aquí tienes la información:
Información del taller ¿Es posible amar y ser libre a la vez?
Un reto
Ella cogió aire y le dijo que quería que la libertad fuera el motor de su relación. Le dijo también que se había propuesto estar muy atenta para no dejarse llevar por miedos o mandatos que en ocasiones la llevan a relacionarse con él de un modo impostado o automático. Y, finalmente, le habló de su deseo de que él se subiera al carro de este reto.
Él se excitó de emoción al escucharla, sus poros se abrieron, su sonrisa y sus ojos brillaron como pocas veces ella lo había visto.
Al verlo así, ella entendió que no se había equivocado, que este era el camino.
Él, como ya os lo podéis imaginar, le dijo que aceptaba el reto de escuchar atentamente su libertad y tomar la fuerza que ésta le da como una fuente fundamental para crear y recrear su relación.
Ella se emocionó al escucharle. Ella sintió miedo al escucharle. Él también sintió miedo.
¡Ay! Es que la libertad tiene el don de llevar la vida y las relaciones por vericuetos más profundos, imprevistos e insospechados, y asumirlo no resulta fácil.
Conscientes de ellos, se rieron del miedo y se dieron cuenta que el camino que querían tomar había empezado ya porque la única manera de ser libre, de ser humanamente libre, es reconocer los miedos, hablar de ellos, afrontarlos y, desde ahí, desde dónde se está, elegir en cada instante que paso tomar.
Y, con ese brillo en los ojos y esa emoción que aligera el cuerpo, siguen caminando, probando, hablando, deseando.
(Basada en una situación muy real)
Él se excitó de emoción al escucharla, sus poros se abrieron, su sonrisa y sus ojos brillaron como pocas veces ella lo había visto.
Al verlo así, ella entendió que no se había equivocado, que este era el camino.
Él, como ya os lo podéis imaginar, le dijo que aceptaba el reto de escuchar atentamente su libertad y tomar la fuerza que ésta le da como una fuente fundamental para crear y recrear su relación.
Ella se emocionó al escucharle. Ella sintió miedo al escucharle. Él también sintió miedo.
¡Ay! Es que la libertad tiene el don de llevar la vida y las relaciones por vericuetos más profundos, imprevistos e insospechados, y asumirlo no resulta fácil.
Conscientes de ellos, se rieron del miedo y se dieron cuenta que el camino que querían tomar había empezado ya porque la única manera de ser libre, de ser humanamente libre, es reconocer los miedos, hablar de ellos, afrontarlos y, desde ahí, desde dónde se está, elegir en cada instante que paso tomar.
Y, con ese brillo en los ojos y esa emoción que aligera el cuerpo, siguen caminando, probando, hablando, deseando.
(Basada en una situación muy real)
Nuevo
Es la tercera vez que he estado en Menorca.
En esta ocasión no me sale decir que he repetido destino.
Estar en un territorio familiar me ha quitado la presión por ver más y, quizás por eso, me ha permitido ahondar, como pocas veces, la mirada.
Sin casi proponérmelo, he descubierto rincones, matices y recovecos que me han permitido reconocer con más detalle y profundidad esta preciosa isla.
Una vez más, me he dado cuenta que no terminamos nunca de conocer los lugares porque éstos, además de estar en continua tranformación, contienen infinidad de misterios.
¡Es una pena que, en ocasiones, la rigidez mental y la avidez acumulativa, nos lleven a relacionarnos con los lugares, las personas o la propia vida despojándoles de misterio, dándoles por conocidos!
Amar
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| Fotografía de Lillian Bassman |
¿Cómo amar cuando nos acoraza el afán de independencia?
¿Cómo amar cuando hay miedo al dolor?
¿Cómo amar cuando huimos de nuestra vulnerabilidad?
¿Cómo amar cuando las ansias de control lo enmaraña todo?
¿Cómo amar si el amor nos visita y lo adornamos de rosa.?
¿Cómo amar cuando las palabras se empeñan en no respetar el misterio?
¿Cómo amar cuando no nos atrevemos a estar presente con todos los sentidos?
Me enseñaron un amor adornado de azúcar.
Me enseñaron la violencia que se esconde detrás de tanto empalago.
Me enseñaron a defenderme de la asfixia y el sometimiento.
Me enseñaron mis derechos y mis fortalezas.
Y el amor, ¿dónde queda?
Quiero amar, sin corazas ni control, sin artimañas ni lucha.
Quiero amar, simplemente amar.
Y dejar que el soplo de la vida me oriente.
LOMCE
Duele. Duele mucho. La LOMCE se ha aprobado.
Son muchas las razones para decir que no a esta ley.
Junto a esta dureza, me acompaña la certeza de que los gritos, encierros, asambleas, reflexiones, abrazos, cansancio, huelgas, manifestaciones, pancartas, camisetas o pitos no han caído en saco roto. Han dejado huella de dignidad, de resistencia, de verdad, de amor, de creatividad.¿Os imaginais el desierto sin una mano amiga que te acoja? ¿Os imaginais la sensación de vacío?
Espero, de corazón, que este golpe no impida al profesorado seguir educando sin esconder esta nueva situación debajo de la alfombra. Y, al pensar en ello, en la necesidad de educar sin distorsionar ni endulzar la realidad, me viene a la mente este video de una escuela pública de Teruel que, con sus fallos técnicos, me parece digno de difusión:
Asimismo, espero que esta tesitura tan complicada no le quite a las y los docentes la capacidad de soñar la educación que quiere poner en práctica y tomar ese sueño como brújula para seguir. En este sentido, os traigo esta entrevista a Carlos Gónzalez:
En fin, que sin aliento, relación, rabia encauzada, palabras que tocan lo real, sueños y amor a la educación es difícil seguir.
Son muchas las razones para decir que no a esta ley.
Junto a esta dureza, me acompaña la certeza de que los gritos, encierros, asambleas, reflexiones, abrazos, cansancio, huelgas, manifestaciones, pancartas, camisetas o pitos no han caído en saco roto. Han dejado huella de dignidad, de resistencia, de verdad, de amor, de creatividad.¿Os imaginais el desierto sin una mano amiga que te acoja? ¿Os imaginais la sensación de vacío?
Espero, de corazón, que este golpe no impida al profesorado seguir educando sin esconder esta nueva situación debajo de la alfombra. Y, al pensar en ello, en la necesidad de educar sin distorsionar ni endulzar la realidad, me viene a la mente este video de una escuela pública de Teruel que, con sus fallos técnicos, me parece digno de difusión:
Asimismo, espero que esta tesitura tan complicada no le quite a las y los docentes la capacidad de soñar la educación que quiere poner en práctica y tomar ese sueño como brújula para seguir. En este sentido, os traigo esta entrevista a Carlos Gónzalez:
En fin, que sin aliento, relación, rabia encauzada, palabras que tocan lo real, sueños y amor a la educación es difícil seguir.
Sí se puede...
Cada vez que escucho decir que 'no somos Grecia', 'no somos Portugal' o 'no somos Chipre' se me rompe algo por dentro.
Siento en la tripa el gusto agrio que deja uno de los máximos exponentes del capitalismo: mantener a raya los perdedores para seguir en la liga de los ganadores.
Como si la pobreza y el hambre fueran un virus que trae el destino y, en un 'madresita, que me quede como estoy', necesitaramos de una gruesa frontera para defendernos de esa lacra.
Se trata de un juego simbólico perverso que da la espalda a la posibilidad de crear algo más humano con quienes más sufren por miedo al contagio, o sea, nos quita inteligencia para entender que el virus que realmente daña es esa lógica capitalista que tiende a dejar desechos allí donde pisa.
Por todo ello, en el día de hoy, en el segundo aniversario del 15-M, agradezco que sigan vivos tanto este como otros hilos de indignación que, de forma transfronteriza, saben mirar fuera de este parámetro tan estrecho. Sin ellos, no creo que hubiera podido respirar como respiro ahora.
Siento en la tripa el gusto agrio que deja uno de los máximos exponentes del capitalismo: mantener a raya los perdedores para seguir en la liga de los ganadores.
Como si la pobreza y el hambre fueran un virus que trae el destino y, en un 'madresita, que me quede como estoy', necesitaramos de una gruesa frontera para defendernos de esa lacra.
Se trata de un juego simbólico perverso que da la espalda a la posibilidad de crear algo más humano con quienes más sufren por miedo al contagio, o sea, nos quita inteligencia para entender que el virus que realmente daña es esa lógica capitalista que tiende a dejar desechos allí donde pisa.
Por todo ello, en el día de hoy, en el segundo aniversario del 15-M, agradezco que sigan vivos tanto este como otros hilos de indignación que, de forma transfronteriza, saben mirar fuera de este parámetro tan estrecho. Sin ellos, no creo que hubiera podido respirar como respiro ahora.
Promesas incumplibles
¿Prometer amor no es una forma de intentar controlar lo que es incontrolable?
Esto fue lo que pensé cuando me encontré con esta pintada...
Esto fue lo que pensé cuando me encontré con esta pintada...
AMOR
La película AMOR, de Haneke, muestra los gestos del amor en un contexto muy concreto, no solo vital, sino también social.
Me emocionó ver, en esta historia, cómo el amor sitúa las cosas en su sitio, a pesar de la soledad y la incomprensión de quien ama.
A la vez, me hizo pensar sobre qué nos puede ocurrir, en un contexto que no termina de entender en toda su dimensión qué significa la enfermedad terminal, si nos falta alguien que nos ame profundamente.
Ojalá que ese tipo de amor sepa cruzar las paredes de cada hogar para situarse también en el centro de la gestión pública.
Me emocionó ver, en esta historia, cómo el amor sitúa las cosas en su sitio, a pesar de la soledad y la incomprensión de quien ama.
A la vez, me hizo pensar sobre qué nos puede ocurrir, en un contexto que no termina de entender en toda su dimensión qué significa la enfermedad terminal, si nos falta alguien que nos ame profundamente.
Ojalá que ese tipo de amor sepa cruzar las paredes de cada hogar para situarse también en el centro de la gestión pública.
Una mujer libre
Imagina que tienes que explicar qué es 'la pareja' a un extraterrestre, o sea, a alguien que no conoce nuestra cultura ni nuestras costumbres:
¿Son dos personas que se quieren?
¿Son dos personas con un proyecto de vida común?
¿Son dos personas que se acompañan?
¿Son dos personas que tienen relaciones sexuales?
Cuando miro a mi alrededor veo que no todas las parejas se quieren, no todas tienen un proyecto en común (aunque muchas personas delegan su apuesta vital con tal de 'mantener su pareja'), no todas se acompañan...y, en cuanto a la sexualidad, no hace falta decir que no todas las personas que se relacionan sexualmente son pareja y que no todas las parejas tienen relaciones sexuales.
¿Entonces qué? ¿De qué hablamos cuando decimos pareja?
Aunque su definición sea tan voluble, la concepción de pareja de nuestra cultura lleva inscrita una serie de 'normas' patriarcales que, si no les prestamos atención, fácilmente nos atrapa y nos vemos obedeciéndolas en nombre 'del amor', cuando en realidad están hechas de 'miedo' a la libertad, a la vida, a la soledad.
Así, por ejemplo, nos podemos ver con la 'obligación' de quedar con esa persona o de tener relaciones sexuales o de cuidarla aún cuando no es lo que nos sale en ese momento. Es más, es muy fácil que haya broncas por estos sobreentendidos sin que nunca se haya acordado nada de esto.
Con esto quiero decir que, si no ponemos palabras y consciencia, el modelo de pareja que pulula en el aire asfixia porque pretende poner coto y seguridad al amor, lo que es un imposible.
Un amigo me dijo un día que esto es como cerrar a cal y canto un espacio solo porque nos encontramos a gusto en él.
Lo peor de todo es que estas 'normas' se nos presentan embellecidas y adornadas con el mito del 'amor romántico' y con el soniquete de 'San Valentín'.
Por todo ello, me emociona saber que a lo largo de la historia haya existido cartas como esta:
Carta de una mujer libre a su prometido antes de casarse
Me hace saber que el patriarcado nunca, nunca, nunca lo ha ocupado todo.
¿Son dos personas que se quieren?
¿Son dos personas con un proyecto de vida común?
¿Son dos personas que se acompañan?
¿Son dos personas que tienen relaciones sexuales?
Cuando miro a mi alrededor veo que no todas las parejas se quieren, no todas tienen un proyecto en común (aunque muchas personas delegan su apuesta vital con tal de 'mantener su pareja'), no todas se acompañan...y, en cuanto a la sexualidad, no hace falta decir que no todas las personas que se relacionan sexualmente son pareja y que no todas las parejas tienen relaciones sexuales.
¿Entonces qué? ¿De qué hablamos cuando decimos pareja?
Aunque su definición sea tan voluble, la concepción de pareja de nuestra cultura lleva inscrita una serie de 'normas' patriarcales que, si no les prestamos atención, fácilmente nos atrapa y nos vemos obedeciéndolas en nombre 'del amor', cuando en realidad están hechas de 'miedo' a la libertad, a la vida, a la soledad.
Así, por ejemplo, nos podemos ver con la 'obligación' de quedar con esa persona o de tener relaciones sexuales o de cuidarla aún cuando no es lo que nos sale en ese momento. Es más, es muy fácil que haya broncas por estos sobreentendidos sin que nunca se haya acordado nada de esto.
Con esto quiero decir que, si no ponemos palabras y consciencia, el modelo de pareja que pulula en el aire asfixia porque pretende poner coto y seguridad al amor, lo que es un imposible.
Un amigo me dijo un día que esto es como cerrar a cal y canto un espacio solo porque nos encontramos a gusto en él.
Lo peor de todo es que estas 'normas' se nos presentan embellecidas y adornadas con el mito del 'amor romántico' y con el soniquete de 'San Valentín'.
Por todo ello, me emociona saber que a lo largo de la historia haya existido cartas como esta:
Carta de una mujer libre a su prometido antes de casarse
Me hace saber que el patriarcado nunca, nunca, nunca lo ha ocupado todo.
Calor
Ella tiene más tiempo para estar con sus hijos, para distinguir lo superfluo de lo importante, para manifestarse y para empezar a vivir de lo que siempre le gustó. Con todo, cuando mira por la ventana, se siente vencida.
Ella hizo de su cuerpo un parapeto ante algunos desahucios y se llevó la emoción de la contundencia y la unión.
Ella tiene rabia, mucha rabia. Y no quiere que nadie se la quite.
Ella siente pena cuando ve que aquellos proyectos que creó junto a otras, a los que tanto le costó dar vida y sentido, ahora están siendo pisoteados, pervertidos, banalizados.
Ella sigue acompañando a otras mujeres a dar vida. Lo hace con sentido y cuidado. Lo hace fuera de la lógica del capital mientras es pisoteada por esa misma lógica.
Ella se siente arropada por otras mujeres. Esto le permite hacer malabarismos y ponerse a disposición de quienes ya no tenen equilibrio que sostener.
Ella llora en busca de un puente que le permita mantener un vínculo entre la comodidad de su barrio y la dureza de ese otro barrio donde va a trabajar cada mañana y se descorazona cuando la crudeza del presente se le presenta despojada de futuro.
Ella anda perpleja por la velocidad de la descomposición.
Ella se cuela en el metro con la piel muy alerta, casi animal. Una alerta que se distosionó cuando pidió el alta voluntaria para no perder el trabajo. Y crea, crea más que nunca.
Ella no se conforma con 'salvar lo público', ella quiere ir más allá y seguir preguntándose qué se puede hacer para que lo público funcione mejor.
Ella nos cuenta que la reforma penal está ahí y que ahora la resistencia pacífica es delito y el auxilio a personas inmigrantes también. Se siente culpable porque tiene casa y trabajo.
Ella tiene miedo de su propia violencia y no sabe qué hubiera hecho con ella si su cuerpo fuera más fuerte, más grande, del otro sexo. Se pregunta cómo es posible que Bárcenas siga caminando sin ninguna magulladura en su cuerpo.
Ella sabe que su hijo aprenderá a leer y a escribir porque está dispuesta a enseñárselo. Sabe... sabe... y por eso tiene miedo. Tiene miedo de que el destino femenino vuelva a ser el remendar los destrozos de quienes juegan a eso de ver quien la tiene más larga...
Ella tiene miedo de no poder volver a casa sola y se da cuenta de que algo no va bien porque su madre le regala tuppers con comida recién hecha cuando en realidad no la necesita.
Ella no vivió por encima de sus posibilidades y ahora no entiende porque se han reducido tanto sus opciones vitales
Ella no quiere emigrar, quiere tener la posibilidad de tener hijas e hijos y también la de no dar a luz.
Ella siente un nudo en el estómago al pensar que ese legado dejado por nuestras predecesoras puede ser barrido de un plumazo, aunque siga presente en nuestras entrañas.
Ella. Ella. Ella. Ellas. Nosotras. Tú y yo.
Nosotras hablamos de la experiencia, compartimos el dolor y la rabia, ponemos en juego nuestra impotencia, nos reímos por el cosquilleo de la vida que persiste en estar, ponemos rostro a los datos y datos a cada gesto y, como si se tratara de una catarsis, nos aligeramos, nos fortalecemos, nos humanizamos...
Esto es lo que ocurrió ayer en la reunión de Mujeres Singulares y es lo que me encantaría que ocurriera en cada uno de los rincones de este país.
Ella hizo de su cuerpo un parapeto ante algunos desahucios y se llevó la emoción de la contundencia y la unión.
Ella tiene rabia, mucha rabia. Y no quiere que nadie se la quite.
Ella siente pena cuando ve que aquellos proyectos que creó junto a otras, a los que tanto le costó dar vida y sentido, ahora están siendo pisoteados, pervertidos, banalizados.
Ella sigue acompañando a otras mujeres a dar vida. Lo hace con sentido y cuidado. Lo hace fuera de la lógica del capital mientras es pisoteada por esa misma lógica.
Ella se siente arropada por otras mujeres. Esto le permite hacer malabarismos y ponerse a disposición de quienes ya no tenen equilibrio que sostener.
Ella llora en busca de un puente que le permita mantener un vínculo entre la comodidad de su barrio y la dureza de ese otro barrio donde va a trabajar cada mañana y se descorazona cuando la crudeza del presente se le presenta despojada de futuro.
Ella anda perpleja por la velocidad de la descomposición.
Ella se cuela en el metro con la piel muy alerta, casi animal. Una alerta que se distosionó cuando pidió el alta voluntaria para no perder el trabajo. Y crea, crea más que nunca.
Ella no se conforma con 'salvar lo público', ella quiere ir más allá y seguir preguntándose qué se puede hacer para que lo público funcione mejor.
Ella nos cuenta que la reforma penal está ahí y que ahora la resistencia pacífica es delito y el auxilio a personas inmigrantes también. Se siente culpable porque tiene casa y trabajo.
Ella tiene miedo de su propia violencia y no sabe qué hubiera hecho con ella si su cuerpo fuera más fuerte, más grande, del otro sexo. Se pregunta cómo es posible que Bárcenas siga caminando sin ninguna magulladura en su cuerpo.
Ella sabe que su hijo aprenderá a leer y a escribir porque está dispuesta a enseñárselo. Sabe... sabe... y por eso tiene miedo. Tiene miedo de que el destino femenino vuelva a ser el remendar los destrozos de quienes juegan a eso de ver quien la tiene más larga...
Ella tiene miedo de no poder volver a casa sola y se da cuenta de que algo no va bien porque su madre le regala tuppers con comida recién hecha cuando en realidad no la necesita.
Ella no vivió por encima de sus posibilidades y ahora no entiende porque se han reducido tanto sus opciones vitales
Ella no quiere emigrar, quiere tener la posibilidad de tener hijas e hijos y también la de no dar a luz.
Ella siente un nudo en el estómago al pensar que ese legado dejado por nuestras predecesoras puede ser barrido de un plumazo, aunque siga presente en nuestras entrañas.
Ella. Ella. Ella. Ellas. Nosotras. Tú y yo.
Nosotras hablamos de la experiencia, compartimos el dolor y la rabia, ponemos en juego nuestra impotencia, nos reímos por el cosquilleo de la vida que persiste en estar, ponemos rostro a los datos y datos a cada gesto y, como si se tratara de una catarsis, nos aligeramos, nos fortalecemos, nos humanizamos...
Esto es lo que ocurrió ayer en la reunión de Mujeres Singulares y es lo que me encantaría que ocurriera en cada uno de los rincones de este país.
Un buen día
Ayer, mientras paseábamos por Madrid, Pepe me señaló una pegatina que ponía esta frase:
'Un buen día lo tiene cualquiera...'
Y nos reímos, nos seguimos riendo, por todo lo que significa esta simple frase en este momento tan convulso.
Pues eso...
'Un buen día lo tiene cualquiera...'
Y nos reímos, nos seguimos riendo, por todo lo que significa esta simple frase en este momento tan convulso.
Pues eso...
Mujeres Singulares III
La tercera reunión de Mujeres Singulares fue en noviembre y aún siento su huella en mí.
Hablamos sobre la relación que cada una de nosotras tenemos con nuestra madre.
Junto a la diversidad de experiencias, surgieron dos cuestiones que, en el fondo, son la misma cosa.
La primera de estas cuestiones es que, cada una a su manera, ha ido entendiendo que su madre es una mujer de carne y hueso, condicionada por las circunstancias que le ha tocado vivir, movida por sus creencias, afectada de un modo u otro por el patriarcado y que ha sido madre del mejor modo que ha sabido o podido.
Reconocer este hecho tan simple, nos permite entenderla mejor, mitigar nuestros juicios hacia ella, aprender a valorar lo que nos dio y entender que de poco sirve quedarnos atascadas en el lamento por lo que no nos dio.
O sea, nos permite verla un poco más y aceptar que ella es quien es, ni más ni menos.
Para muchas de nosotras, el feminismo ha sido una fuente de luz en este proceso de reconocer a la madre real y concreta, y dejar de compararla con un ideal.
Ahora bien (y aquí viene la segunda cuestión), todo ello suaviza, pero no quita la pena o el dolor que se siente cuando la propia madre no acepta ni reconoce ni valora lo que la hija ha decidido ser.
Es una pena o un dolor que tiene relación con el ansia de libertad.
Generalmente, cuando una madre acepta que su hija es quien es, el camino se le vuelve más ancho, fácil, ligero. Por el contrario, cuando esta aceptación no se da, el camino suele estrecharse, hacerse más denso y difícil.
Llegadas a este punto, sería fácil culpar a la propia madre por la falta de libertad que una tiene, lo que sería, no solo tonto, sino inútil y casi infantil.
Lo que quiero decir es que, toda mujer que anhele libertad, tendrá que descubrir que ésta anida en su interior y que, para conquistarla, tendrá que vérselas con su soledad.
Ahora bien, esta soledad se hace más cruda cuando falta la mirada cómplice de otra mujer, más aún cuando esa mujer es la propia madre.
Pero, como ya dije al hablar sobre la primera cuestión, cuando entendemos a la propia madre, podemos suavizar esa crudeza y encontrar el aliento que nos falta para seguir.
En fin, en esta relación tan básica para cualquier mujer, hay un nudo que no siempre es fácil solventar: la dificultad para verse y aceptarse mutuamente, o sea, para crear una relación entre dos mujeres reales y no con quien cada una 'debería ser'.
Un nudo que nos ha hecho soñar, añorar, buscar y crear comunidades de mujeres cómplices, capaces de poner palabras y prácticas que den fuelle y aliento a la relación que cada madre tiene con su hija y viceversa, y, como no, también a la libertad de cada mujer.
Hablamos sobre la relación que cada una de nosotras tenemos con nuestra madre.
Junto a la diversidad de experiencias, surgieron dos cuestiones que, en el fondo, son la misma cosa.
La primera de estas cuestiones es que, cada una a su manera, ha ido entendiendo que su madre es una mujer de carne y hueso, condicionada por las circunstancias que le ha tocado vivir, movida por sus creencias, afectada de un modo u otro por el patriarcado y que ha sido madre del mejor modo que ha sabido o podido.
Reconocer este hecho tan simple, nos permite entenderla mejor, mitigar nuestros juicios hacia ella, aprender a valorar lo que nos dio y entender que de poco sirve quedarnos atascadas en el lamento por lo que no nos dio.
O sea, nos permite verla un poco más y aceptar que ella es quien es, ni más ni menos.
Para muchas de nosotras, el feminismo ha sido una fuente de luz en este proceso de reconocer a la madre real y concreta, y dejar de compararla con un ideal.
Ahora bien (y aquí viene la segunda cuestión), todo ello suaviza, pero no quita la pena o el dolor que se siente cuando la propia madre no acepta ni reconoce ni valora lo que la hija ha decidido ser.
Es una pena o un dolor que tiene relación con el ansia de libertad.
Generalmente, cuando una madre acepta que su hija es quien es, el camino se le vuelve más ancho, fácil, ligero. Por el contrario, cuando esta aceptación no se da, el camino suele estrecharse, hacerse más denso y difícil.
Llegadas a este punto, sería fácil culpar a la propia madre por la falta de libertad que una tiene, lo que sería, no solo tonto, sino inútil y casi infantil.
Lo que quiero decir es que, toda mujer que anhele libertad, tendrá que descubrir que ésta anida en su interior y que, para conquistarla, tendrá que vérselas con su soledad.
Ahora bien, esta soledad se hace más cruda cuando falta la mirada cómplice de otra mujer, más aún cuando esa mujer es la propia madre.
Pero, como ya dije al hablar sobre la primera cuestión, cuando entendemos a la propia madre, podemos suavizar esa crudeza y encontrar el aliento que nos falta para seguir.
En fin, en esta relación tan básica para cualquier mujer, hay un nudo que no siempre es fácil solventar: la dificultad para verse y aceptarse mutuamente, o sea, para crear una relación entre dos mujeres reales y no con quien cada una 'debería ser'.
Un nudo que nos ha hecho soñar, añorar, buscar y crear comunidades de mujeres cómplices, capaces de poner palabras y prácticas que den fuelle y aliento a la relación que cada madre tiene con su hija y viceversa, y, como no, también a la libertad de cada mujer.
Tentáculos
Cuando 'la mano invisible' del poder estruja las entrañas del sentido, la solidaridad y la ética...
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