‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)
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Mucho más que una terapia

Paul me pidió que escribiera un pequeño texto sobre mi experiencia terapéutica con Antonio Guijarro
 y esto fue lo que me salió:

Una tarde de 1993.
Me siento frente a un psicólogo que me dobla la edad, tiene otro sexo, tiene otra estética, ha vivido otra historia muy diferente a la mía y que, como es obvio, tiene otra mirada sobre la vida y las cosas.
Frente a esa presencia, descubro el peso de mis barreras internas, descubro mi miedo a los juicios e interpretaciones, descubro mi historia hecha de exigencias y reprimendas que me llevan a desconfiar.

Lo miro con pudor.
La voz me sale temblorosa y balbuceante.
Él me mira con cuidado y atención.

Vuelvo a verle cada cierto tiempo y, en contra de lo que me habían dicho mis miedos, él no me juzga, no me exige, no me aconseja, no me interpreta, no me obliga, no me acelera, sólo intenta entender mi forma particular de sentir y experimentar la vida.
Casi sin darme cuenta, mi voz cobra más entereza, confianza y fluidez.
Casi sin darme cuenta, su presencia se vuelve cercana.

Ya no me pesan su edad, su estética, su sexo o su historia.
Me humanizo, le humanizo.
Somos dos seres humanos, uno frente al otro, dejando atrás las máscaras.

Me regala entendimiento y aceptación.
Y las barreras internas van cediendo paso al calor, al afecto.
Me regala confianza...
Y me topo con mi propia desconfianza, con mi miedo a hacerme dueña de mi propia vida, con mi dificultad para tomar las riendas de mi libertad.

Él acoge mi miedo a la libertad y mi tendencia al control, mis sometimientos y mi angustia, mis batallas internas y mis llantos, mi coraza y mi historia.
Él me permite estar donde estoy, sin más.
Y yo, poco a poco, me re-conozco, me recupero, me descubro, me desvelo.
Poco a poco, junto al vértigo, voy cogiendo el gusto de ser quien soy.

¡Por fin entiendo!
Entiendo el fluido que estaba escondido detrás de la roca.
Entiendo que él, más que un servicio, me ofreció una relación.
Entiendo que el único modo de caminar es saber dónde estoy.

Han pasado 20 años.
En este tiempo, he experimentado como el calor, el afecto, la escucha, la confianza y la aceptación han ido calando en mi interior.
Esto me ha permitido hacer cosas que nunca pensé que sería capaz y vivirlas con una intensidad que me eran desconocidas.

De tanto en tanto lo busco y vuelvo a sentarme frente a él.
Vuelvo a sentir la profundidad de su humanidad y recupero el flujo de mis entrañas.

Hogar

Fotografía del proyecto litel pipol (litelpipol.blogspot.com)
Tras un mes fuera, he vuelto a casa.
Al entrar me dí cuenta, una vez más, que esta casa es mucho más que una casa.
Es el lugar donde la familiaridad de los objetos y de los muebles me acoge y me ubica, donde encuentro las huellas de muchas horas de descanso, reflexiones, amor, discusiones y trabajo, donde vivo la seguridad de quien tiene un techo donde volver, donde las coordenadas están inscritas en la propia piel.
Me gustaría que fuera más grande, que tuviera más luz, que tuviera más posibilidad de aire, pero nada de eso me quita esa sensación de hogar.

Ahora, en este instante, me cuesta imaginar el dolor de tantas personas que viven su casa como territorio enemigo o el de quienes han perdido todo eso a lo que llamamos casa.

Soledad

Fotografía de Michael Martin 
Paradojas...
Cuando me falta esa soledad que me permite escuchar y estar en contacto conmigo, con mis necesidades y deseos, con mis pensamientos y con mi rumiar, con mis sentimientos y emociones, me siento profundamente sola.
Cuando el silencio compartido corta el aire, siento mucho ruido interior.
Cuando las palabras no tocan las entrañas, siento la rudeza del vacío.

Curso 'El arte de la escucha y la comunicación'



A lo largo del curso 2013 - 2014 impartiré este curso.
Tal vez te interese o conozcas a alguien a quien le pueda interesar. 

‘Una habilidad sensible para escuchar, una profunda satisfacción al ser escuchado, una habilidad para ser más auténtico, que a su vez estimula la autenticidad de los demás y, por consiguiente, una mayor libertad para dar y recibir amor; éstos, en mi experiencia, son los elementos que enriquecen y realzan la comunicación interpersonal’.
- Carl Rogers –
Fotografía de Layla Motta


Este es un curso para practicar el arte de escuchar profundamente a otras personas, entrar en contacto con las propias necesidades y deseos ejercitando la autoescucha, comunicar nuestras necesidades y deseos sin delegar el timón de la propia vida y abrir los conflictos sin violentar ni violentarse. Se trata, por tanto, de descubrir y compartir distintos caminos para crear relaciones en las que las diferentes formas de sentir o pensar puedan convivir entre sí y, en la medida de lo posible, ser una fuente de enriquecimiento mutuo.


Desde octubre de 2013 hasta junio de 2014. Dos sesiones al mes: JUEVES alternos en horario de 18’30 – 20,30 horas.

40 euros /mes (35 euros/mes para quienes asisten a otras actividades de Singulares).
 

Paseo de los Pontones, 7, bajo interior, portal 4. Metro Puerta de Toledo.

Amar

Fotografía de Lillian Bassman

¿Cómo amar cuando nos acoraza el afán de independencia?
¿Cómo amar cuando hay miedo al dolor?
¿Cómo amar cuando huimos de nuestra vulnerabilidad?
¿Cómo amar cuando las ansias de control lo enmaraña todo?
¿Cómo amar si el amor nos visita y lo adornamos de rosa.?
¿Cómo amar cuando las palabras se empeñan en no respetar el misterio?
¿Cómo amar cuando no nos atrevemos a estar presente con todos los sentidos?

Me enseñaron un amor adornado de azúcar.
Me enseñaron la violencia que se esconde detrás de tanto empalago.
Me enseñaron a defenderme de la asfixia y el sometimiento.
Me enseñaron mis derechos y mis fortalezas.

Y el amor, ¿dónde queda?


Quiero amar, sin corazas ni control, sin artimañas ni lucha.
Quiero amar, simplemente amar.
Y dejar que el soplo de la vida me oriente.

Voces

Aquí os traigo distintas voces.
Voces que conozco gracias a otras voces, a relaciones, a afectos y amores.
Faltan muchas, muchas otras.
Unas, junto a las otras, van conformando un entramado de palabras, perspectivas, miradas, conversaciones, luces, simbólico, verdad, conflictos fértiles, interrogantes, dudas, inicio de nuevas voces.
Lo que quiero decir es que en este entramado de voces vivas y, a veces, conflictivas (me) surge la posibilidad de entender, de vivir con más consciencia y presencia, de no desfallecer.
Espero que os apetezca dar continuidad a esta entramado que, mientras esté vivo, es infinito.



Voz de Bibiana Medialdea: Una incursión a la deuda como una bola de nieve

La voz de Teresa Forcades: Una incursión a los estragos del capitalismo

¿Qué voces añadirías a este entramado?

Mujeres Singulares III

La tercera reunión de Mujeres Singulares fue en noviembre y aún siento su huella en mí.
Hablamos sobre la relación que cada una de nosotras tenemos con nuestra madre.

Junto a la diversidad de experiencias, surgieron dos cuestiones que, en el fondo, son la misma cosa.

La primera de estas cuestiones es que, cada una a su manera, ha ido entendiendo que su madre es una mujer de carne y hueso, condicionada por las circunstancias que le ha tocado vivir, movida por sus creencias, afectada de un modo u otro por el patriarcado y que ha sido madre del mejor modo que ha sabido o podido.
Reconocer este hecho tan simple, nos permite entenderla mejor, mitigar nuestros juicios hacia ella, aprender a valorar lo que nos dio y entender que de poco sirve quedarnos atascadas en el lamento por lo que no nos dio.
O sea, nos permite verla un poco más y aceptar que ella es quien es, ni más ni menos.
Para muchas de nosotras, el feminismo ha sido una fuente de luz en este proceso de reconocer a la madre real y concreta, y dejar de compararla con un ideal.

Ahora bien (y aquí viene la segunda cuestión), todo ello suaviza, pero no quita la pena o el dolor que se siente cuando la propia madre no acepta ni reconoce ni valora lo que la hija ha decidido ser.
Es una pena o un dolor que tiene relación con el ansia de libertad.
Generalmente, cuando una madre acepta que su hija es quien es, el camino se le vuelve más ancho, fácil, ligero. Por el contrario, cuando esta aceptación no se da, el camino suele estrecharse, hacerse más denso y difícil.

Llegadas a este punto, sería fácil culpar a la propia madre por la falta de libertad que una tiene, lo que sería, no solo tonto, sino inútil y casi infantil.
Lo que quiero decir es que, toda mujer que anhele libertad, tendrá que descubrir que ésta anida en su interior y que, para conquistarla, tendrá que vérselas con su soledad.
Ahora bien, esta soledad se hace más cruda cuando falta la mirada cómplice de otra mujer, más aún cuando esa mujer es la propia madre.

Pero, como ya dije al hablar sobre la primera cuestión, cuando entendemos a la propia madre, podemos suavizar esa crudeza y encontrar el aliento que nos falta para seguir.

En fin, en esta relación tan básica para cualquier mujer, hay un nudo que no siempre es fácil solventar: la dificultad para verse y aceptarse mutuamente, o sea, para crear una relación entre dos mujeres reales y no con quien cada una 'debería ser'.
Un nudo que nos ha hecho soñar, añorar, buscar y crear comunidades de mujeres cómplices, capaces de poner palabras y prácticas que den fuelle y aliento a la relación que cada madre tiene con su hija y viceversa, y, como no, también a la libertad de cada mujer.

No ser...

Dentro de unas semanas cumpliré 49 y no tengo hijas ni hijos.
Hay gente que, sin saber qué me ha llevado a no ser madre, me mira con pena, me dice que soy valiente o me amenaza diciéndome que me voy a arrepentir. Son actitudes que me hablan de ideas preconcebidas sobre la maternidad y la no maternidad que, cuando toman fuerza, dejan en la penumbra la singularidad de cada mujer.
El NO SER madre, hoy por hoy, no significa casi nada para mí, por el simple hecho de que se trata de un hecho que no forma parte de mi vida.
Traigo esto aquí porque, más allá de la negociación que cada mujer haya hecho consigo misma a la hora de prescindir de la maternidad, veo mucho sufrimiento por lo que podría haber sido y no es, o sea, mucho sufrimiento por algo que no forma parte de la propia vida y que, cuando se hace grande, puede llegar a bloquear lo que sí es, sí existe y sí puede traer felicidad y sentido vital.
Ante esto, hice este poema que tal vez ayude a una reflexión más ligera sobre esta realidad porque, más allá de si una mujer es o no es madre, la vida sigue:



Nombran  la que no soy
indagan en la quimera de la nada
rebuscan  dónde nunca pisé

Disertaciones estériles
No
Nunca
No soy madre

Silencio
opacidad en espejo hueco

Irreverencia
Me rio de esa maraña de ensueños
Elijo ser la que soy

Bailo

Con mi vientre plano
saboreo los sonidos que acunan
la fertilidad de mi vuelo

Niemeyer

Hoy, a sus 104 años de edad, murió el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.
Y yo, sin saber casi nada sobre arquitectura, siento su muerte porque su obra estuvo muy presente en mi infancia.

Fueron muchos los domingos en los que jugué, corrí, disfruté, reí y sentí la fuerza del verde en medio de la gran urbe gracias al parque Ibirapuera:




A veces, cuando íbamos al edificio Italia, pasábamos cerca del COPAN y a mí me hacía gracia la forma sinuosa y juguetona de este edificio:


En la escuela, tuve que dibujar esta fachada de Brasilia muchas veces. No terminaba de entender bien el significado de esta nueva capital de Brasil, pero me gustaban sus curvas:


Y ahora, tras la muerte de este hombre que amaba las curvas y la justicia, se me agranda la nostalgia.

25-N

Mañana es 25 de noviembre.
Como ya sabéis es el día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres.
En este día, quiero conmemorar el empuje de tantísimas mujeres para nombrar con lucidez las aristas y los matices de la violencia sufrida, para hacerse presentes en el mundo con su fuelle y su historia, para ser dueñas de sus cuerpos y sus vidas, para sonreír y gritar palabras que desnudan el rostro de cualquier opresión sin perder el hilo de la belleza y la ternura, para amar sin ataduras ni romanticismos rancios, para cuidar cuidándose, para pensar fuera de los parámetros patriarcales.
Es un día en el que quiero conmemorar como, a pesar de tanta violencia patriarcal, la libertad de muchas mujeres no ha cejado en su empeño de hacerse viable en el mundo.
Y aquí seguimos... viviendo, soñando e intentando dar un sentido a nuestras heridas en el que, sin negarlas, no nos paralicemos para seguir creando, trayendo palabras preciosas, transformando, viviendo...

Espejos

La infancia, mi hermana y yo, el patio, jugamos y jugamos y jugamos...
¡Qué lejos queda!

La seriedad que requiere todo juego nos trajo un torbellino de emociones.
Ensayamos la vida, lo real, nuestros sueños.
En los encuentros y desencuentros descubrimos ese arte tan difícil y necesario que es la relación.
Tuvimos un lenguaje cómplice y una raíz común.

Hoy, cuando la veo, veo la huella de esa raíz, veo su forma singular de alimentarla, recrearla y transfor- marla.
Veo también una especie de espejo que refleja lo que yo he hecho con esa raíz, con esa huella que, sin ninguna duda, ahí sigue en mí.

Lo que quiero decir es que esta relación, por el solo hecho de existir, me da la oportunidad de poner consciencia a la hora de actualizar, de darle presencia y presente, a mi propia historia.

Algo parecido sucede, aunque con una dimensión muy distinta, cuando revisito paisajes, cuyos olores y colores han impregnado momentos cruciales de mi vida:

 
Y, como no, cuando revisito a esas amigas que, por todo lo vivido y compartido, son casi como hermanas.

Es que, al fin y al cabo, nuestro presente es lo que es gracias a lo que hemos sido capaces de crear con las huellas dejadas por la historia, nuestra historia.