‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)

La importancia de la escucha (2)

Cuando pienso en Hildegarda de Bingen o en Nelson Mandela, me viene la convicción de que han tenido un SER interior despierto, han sabido acompañar a su SER, han sabido escucharlo.
Centrar la atención y la mirada a lo que nos sucede, sin juicios, sin sermones, sin lecciones ni interpretaciones, estando simplemente cerca, escuchando, atendiendo, da lugar a otro tipo de soledad. Una soledad buscada, rica, necesaria. Es ese silencio, ese vacío, del que brota lo que hay, brota lo que en realidad sucede.
Escuchar significa acompañar en el sentimiento. Es un ejercicio de cierta ‘pasividad’, de retirada, de desarme, para dejar que lo que hay entre en mí, me toque, lo pueda captar. Es no dar nada por sabido, es dejarme sorprender. Es apertura, atención, interés…
Se trata de mirar(nos) con atención y preguntarnos: ¿qué siento(e)?
Es dar paso a la vida, esa que vibra en nuestro interior y en nuestro cuerpo, que está en continuo movimiento y que, a pesar de tanto ninguneo, persiste en ser. Es entrar en la onda de la aventura, es esa sensación que se da cuando entras en un gran bosque e vas descifrando sus vericuetos, sus caminos, sabiendo que detrás habrá siempre algo nuevo y desconocido.
Escuchar y escucharse van de la mano. Si dejo espacio para que la otra o el otro puedan ser, estoy dejando espacio para que yo pueda ser, y viceversa.
En todo caso, quiero recalcar que escuchamos como sabemos, acompañamos como podemos, nos cuidamos como nos cuidamos, ni más ni menos. Esto es lo real, esto es lo que hay, este es nuestro punto de partida actual para empezar a caminar.

2 comentarios:

patricia t cañada dijo...

Graciela, me está encantando leer de nuevo, así desgranada la memoria de esa preciosa sesión.

Gracias

Lázuli dijo...

Siento cierta desazón por el mundo que me rodea y cómo los políticos pretenden hacernos creer que todas las medidas que toman, lo hacen por nuestro bien. Ante tanto ruido es fácil sentir que quienes erramos somos las personas que sentimos que esto no va bien. Ante tanta injerencia en nuestras vidas, es fácil descentrar nuestra atención a lo que nos sucede y llenarnos de juicios, sermones, lecciones e interpretaciones e incluso ponernos en manos de algún gurú pretendiendo que “nos arregle la vida”. Me encantaría aprender a escuchar a las niñas y a los niños pequeños y acompañarles en la senda de su deseo. Siento que la escucha me está ayudando a fiarme más de mí, después de tantos años de desconfianza…
Gracias Gra, por ayudarme a escucharme.
Lupe.