‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)

No todo es máscara

Camino por las calles y la gente parece normal.
La gran mayoría sonríe cuando se cruza con alguien que conoce, contesta 'bien' cuando se le pregunta cómo está y camina como si tuviera claro a dónde va.
Hay quien camina con un ademán serio y triste. Pero siguen sin molestar y, cuando se les pregunta, dicen 'voy tirando'.
Y, si me despisto, me olvido de la existencia de ese mundo impresionante, lleno de recovecos y de incógnitas que permanece oculto a nuestros ojos.

Escribo esto para recordar/me que tenemos un mundo interno.

A todas y a todos, cuando nos comunicamos con alguien, se nos cruza infinidad de ideas sobre lo que dice o hace esa persona, sobre lo que estará pensando, sobre nuestra propia imagen, sobre otras cosas que no están puestas sobre la mesa y, mientras todo esto ocurre, pasamos por una diversidad increíble de sensaciones..
Pero ahí seguimos, hablando, como si solo ocurriera lo que se ve y lo que se ve es muy poco.

A todos y a todas se nos vienen mil ideas a la cabeza mientras parece que todo está relativamente controlado, claro, remarcado.
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A menudo, estas ideas surgen en nuestro interior sin orden ni concierto, componiendo infinitos diálogos que, de tan rápidos que van, se dispersan sin que nos de tiempo de acogerlos y escucharlos bien.
Son ideas que nos llenan, a su vez, de sentimientos que, a fuerza de no ser atendidos ni nombrados, es fácil vivirlos con extrañeza, algo de temor y una pizca de pudor.
Pero ahí seguimos, hablando, comprando, caminando y, desde fuera, parece que no está ocurriendo nada más... parece que esa complejidad y significatividad no estuviera afectando a nuestras vidas.
 
Pues eso... es fácil despistarse y movernos por la vida como si no hubiera nada detrás de nuestros gestos, nuestras palabras o nuestras actitudes.
Es fácil despistarse y vivir la vida con la superficialidad de una máscara.
Es fácil sentir la mordedura de la soledad sin entender bien por qué.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Imagino durante unos segundos como sería preguntar a alguien por la calle "¿Cómo estas?" y que me dijera como esta atendiendo a su mundo interno....A ver quien tiene bemoles.
Y me surgen esas paquidérmicas cantidades de amor y libertad necesarias para escucharlo...

Beso

Guille

PD:Siempre mola mazo leer tu blog.que pasote.. Gracias.

Anónimo dijo...

que miedo también que lo que haya detrás de los gestos, actitudes y palabras de la máscara pueda ser interpretado...hay interpretadores (sobretodo,tambien interpretadoras) que hasta se hacen millonarios con eso..
todos somos un poco asi...Yo te relato cada recoveco innombrado del mundo interno de la cajera del DIA en un plis...
Hay que tener mucho cuidado..
quiza de ahí el pudor y el temor tambien que nombras...Es tanta la violencia y tan poca la escucha.
La mascara es solo Consumidora/productora..con menos presencia del capital yo creo que el mundo interno tiene que salir mas afuera segurisimo..
guille

patricia t cañada dijo...

hola, graciela,

que alegría leerte y saber que el jueves está a la vuelta de la esquina y seguiremos indagando en nuestro mundo interno.

Y que alegría también leer los dos comentarios anteriores. Guille, te echo de menos. Besitos

patri

Lenteja dijo...

Tengo una amiga que comentando estos temas me dijo un día: "Sí, no sólo es máscara... además está la gomita "(la que sujeta por detrás de las orejas) Yo no paré de reírme, porque he conocido pocas personas con la capacidad de introspección y empatía que tiene esta mujer -además de sentido del humor-. Lo recordé al leer tu preciosa entrada.
Besos.Lenteja