‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)

Jornada de reflexión...

Según dicen, hoy toca reflexionar... Y a ello me dispongo...

Cada vez que pienso en estas elecciones, me sale la palabra asepsia.
O sea, me sale preguntarme qué sentido tiene votar en un contexto de extrema violencia.
Una violencia blanca, aséptica, sin apenas sangre, casi casi como si no fuéramos cuerpo.

En estos últimos años, han invadido nuestros países, han robado gran parte de nuestros recursos, han creado una maquinaria de hacer ideología destinada a ganar súbditos y súbditas que crean que esto es para su bien y, han hecho todo esto, con un bisturí tan fino, que casi ni se ve.

Pero claro, una no es de piedra (aunque a ellos les gustaría que fuera así) y, cuando me dejo sentir, noto la punta afilada de ese bisturí en lo más profundo de las entrañas.
Por eso, porque no somos de piedra, nos rebelamos. Hay quienes salen a la calle, quienen llevan pancartas a los bancos, quienes se sientan en las plazas, quienes presionan contra los desahucios, quienes se sientan frente al Congreso o ante Wall Street...
Y, como cualquier dictadura, cada día son más quienes son procesados y procesadas por este tipo de prácticas.
Como si nada, la fuerza de la ley se va convitiendo en una especie de gas rancio, asfixiante, que se va extendiendo por todo el planeta.

Y ellos, ¿quiénes son?, se han guardado mucho para que ni siquiera tengan que dar la cara, para que no les podamos señalar con el dedo, para que, con un simple botón, puedan controlar el devenir del mundo a su antojo.
También la señora Merkel, aunque ese juego le pueda favorecer, de algún modo está agazapada bajo el yugo de estos poderosos.
Ellos han creado una legión de tecnócratas que, paulatinamente, van ocupando la dirección de los diferentes países. Son tecnócratas, o sea, son seres destinados a limpiar y reponer las piezas de esa maquinaria que favorece las transacciones del capital y, para ello, dejan de lado el corazón.
Son seres, por tanto, programados para minusvalorar el dolor ajeno, ese dolor de quienes ya no saben bien hacia donde mirar para seguir.

Hoy oí en la radio que casi da igual quien gane, porque ninguno tendrá margen de maniobra.
Es que, en las dictaduras, el margen para obrar, no surge de la obediencia, sino de la creatividad y la valentía propias de quienes no se olvidan de que somos cuerpo y, desde ahí, no les sale hacer una dicotomía entre razón y corazón.

Y, por increíble que parezca, el mundo sigue girando.


3 comentarios:

Morgana dijo...

Me acordé de Matrix al leerte... Un abrazo, Graciela, desde este desasosiego.

Y besos... que no nos quiten los afectos.

Graciela dijo...

Morgana, querida, pues la verdad es que ahora siento los afectos muy a flor de piel, es que si no... Besos.

Lenteja dijo...

Vaya, a mí me hiciste recordar a los hombres grises de Momo, esos que recolectaban el tiempo de los ciudadanos y les programaban la vida... qué desazón me entra.
Besos.Lenteja