‘Vivir plenamente hacia lo interior igual que hacia lo exterior, no sacrificar nada de la realidad externa en beneficio de la interna y viceversa.’
(Etty Hillesum)

Renovación

Obra de Tarsalia do Amaral
A veces, mis lágrimas son como un torrente que no es fácil detener.
Pero sé que vale la pena dejar que sigan su curso porque luego, cuando por fin se apaciguan, me quedo como nueva.
Es como un chaparrón que, cuando termina, deja los contornos más nítidos y el aire más ligero.

3 comentarios:

Manuela dijo...

Y.....tambien con más fuerza, para seguir. Un beso.

Anónimo dijo...

Llorar a lágrima viva


Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.


Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio girondo

Un beso de lágrima dulce, juan

Graciela dijo...

Gracias, Juan, es precioso ese poema...